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Pobreza y exclusión

POBREZA Y EXCLUSIÓN

POBREZA

Joan Subirats abría su famosísimo informe de 2005, cuya lectura os recomendamos efusivamente, diciendo: …“hablar de pobreza hoy en día significa aproximarse a un complejo mosaico de realidades que abarcan, más allá de la desigualdad económica, aspectos relacionados con la precariedad laboral, los déficits de formación, el difícil acceso a una vivienda digna, las frágiles condiciones de salud y la escasez de redes sociales y familiares, entre otros”.

Tradicionalmente se utilizaba el término pobreza para hacer referencia a la población más desfavorecida, que coincidía con quienes tenían más carencia de recursos económicos. Era esta, según vimos ya entrado en siglo XX, una visión exclusivamente economicista y reduccionista que se centraba casi exclusivamente en la carencia o la insuficiencia de ingresos. 

A mediados del siglo pasado, en medio de transformaciones sociales y económicas muy profundas a nivel global, se empieza a abrir la perspectiva de la pobreza a otras dimensiones más allá de la económica. De alguna forma el concepto de pobreza empezaba a acercarse al concepto de exclusión social, a tomar un cariz procesual y dinámico y a embeberse de la multicausalidad que aprenderíamos años después con la expansión del concepto de exclusión.

En efecto, al analizar sociedades cada vez más desiguales el concepto de pobreza empezaba a resultar insuficiente. Por lo general la pobreza se medía con índices que podían tener en cuenta ingresos, gastos, algunos también consumos, etc. Veremos un poco más adelante esta cuestión en profundidad. 

Definiciones de pobreza hay muchas, de hecho, vivimos en un momento en el que está de moda poner “apellidos” a la pobreza: pobreza energética, pobreza relacional, pobreza infantil, hemos llegado a ver, incluso, pobreza menstrual, mira: 

Pero la pobreza es pobreza, sin más, sin apellidos. Y creemos que utilizarlos sólo contribuye a minimizar, suavizar, en cierta medida a trivializar situaciones de carencia y precariedad muy serias.

Si quieres ampliar información en este sentido te recomendamos el artículo “Los apellidos de la pobreza” de Francisco Lorenzo para Documentación Social. 

Pincha aquí para leerlo. 

Entonces, ¿qué entendemos por pobreza? ¿Se diferencia de exclusión?

Desde nuestro punto de vista hablar de pobreza es hablar de carencia económica o material, es decir de la dimensión económica de la exclusión, y estamos en la línea de estas definiciones, que cuentan con amplio consenso: 

Definición de la ONU: La pobreza, de acuerdo con la definición que hace la Organización de Naciones Unidas, es la condición caracterizada por una privación severa de necesidades humanas básicas.

Según Rowntree, sobre el que hablaremos más adelante, la pobreza se configura cuando el total de ingresos disponibles no satisface el mínimo necesario para la subsistencia.

En 1984 la Comunidad Económica Europea (CEE) define la pobreza como “la situación de personas, familias y grupos cuyos recursos económicos, sociales y culturales son tan limitados que les excluyen del modo de vida que se considera aceptable en la sociedad en la que viven”. Vemos en esta definición cómo empiezan a aparecer elementos que más más allá de la carencia o la privación; Observamos que otorga a la pobreza un carácter relativo y estructural (se es o no pobre en relación a otros…) y multidimensional (aparecen elementos económicos, sociales y culturales). 

EXCLUSIÓN SOCIAL

Pobreza y exclusión social son dos conceptos que tienen elementos en común. Son fenómenos estructurales, es decir, son el resultado de un sistema de organización de una sociedad dada. Y se someten siempre a un contexto, es decir a un marco político, económico y cultural de referencia en cada momento histórico y en cada territorio. 

El concepto de exclusión social se desarrolla en la década de los 70 del siglo XX en Francia, se empieza a extender por Europa en la década de los 80 aunque su uso no se populariza hasta bien entrada la década de los 90 del mismo siglo. El concepto surge como un intento de superar las limitaciones que planteaba el concepto de pobreza para explicar los procesos de desigualdad y vulnerabilidad. 

La exclusión social, siguiendo a Subirats, es una situación, generalmente sobrevenida, fruto de un proceso dinámico “de acumulación, superposición y/o combinación de diversos factores de desventaja o vulnerabilidad social que pueden afectar a personas o grupos, generando una situación de imposibilidad o dificultad intensa de acceder a los mecanismos de desarrollo personal, de inserción socio comunitaria y a los sistemas preestablecidos de protección social.”

Siguiendo la definición de la European Foundation de 1995, es el “proceso mediante el cual los individuos o grupos son total o parcialmente excluidos de una participación plena en la sociedad en la que viven”. Tal proceso, opuesto al de “integración social”, da lugar a una privación múltiple, que se manifiesta en los planos económico, social y político.

No nos extenderemos más porque seguro que habéis visto decenas de definiciones de pobreza y exclusión. Sólo remarcamos que hablar de exclusión social es hablar de un proceso dinámico, multicausal y multidimensional en el que intervienen múltiples factores, como los que veremos a continuación. 

Por su parte FOESSA entiende la exclusión social como un “… fenómeno de acumulación de dificultades en distintos ámbitos, lo que incluye pobreza económica pero también el empleo, la vivienda, las relaciones sociales o el acceso a sistemas de protección social. “

(Del VII Informe FOESSA- Evolución de la Exclusión en España)

Los informes de FOESSA sobre pobreza y exclusión social en España son de obligada consulta para cualquier persona interesada en estos temas. Os dejamos enlace a los últimos informes, el mencionado arriba y el último publicado a fecha de cierre de este material. Que disfrutéis de su lectura! 

 

VII Informe FOESSA-Evolución de la Exclusión en España

VIII Informe FOESSA

Como señala Olga García Luque, la actuación de la Unión Europea ha sido determinante en la consolidación del término de exclusión social, contribuyendo a su difusión y a su conceptualización. Esta institución entiende la exclusión social como: 

Un proceso que relega a algunas personas al margen de la sociedad y les impide participar plenamente debido a su pobreza, a la falta de competencias básicas y oportunidades de aprendizaje permanente, o por motivos de discriminación. Esto las aleja de las oportunidades de empleo, percepción de ingresos y educación, así como de las redes y actividades de las comunidades. Tienen poco acceso a los organismos de poder y decisión y, por ello, se sienten indefensos e incapaces de asumir el control de las decisiones que les afectan en su vida cotidiana (Comisión Europea, 2003: 9). 

Fue la Unión Europea la que definió, en el marco de la Estrategia Europa 2020, un nuevo indicador para medir el objetivo en materia de pobreza y exclusión social, la tasa AROPE. Iremos a ella en el siguiente apartado. Es importante señalar, sobre todo para tener una mirada más completa, que la tasa AROPE y el concepto de exclusión social, en la medición de la evolución de la pobreza, se circunscribe al ámbito europeo. Si analizamos la situación en América Latina y Caribe, por ejemplo, comprobaremos que se utilizan de forma más generalizada los indicadores de pobreza, pobreza extrema y desigualdad.

De las definiciones analizadas hasta ahora, y prácticamente de todas las definiciones sobre exclusión social, podemos extraer los siguientes elementos comunes

  • Se trata de un fenómeno estructural: La exclusión se da por causas estructurales y no sólo por cuestiones individuales. Sobre todo, influyen los cambios en el mercado de trabajo, en la familia, en las relaciones sociales y en los grados de cobertura de los diferentes Estados de Bienestar. La exclusión social es el resultado de una determinada estructura social, política, cultural y económica en un contexto dado.
  • Es dinámico o, como leeréis en algún documento académico, tiene una naturaleza procesual: La exclusión es un proceso, no un acontecimiento estable, y es dinámico, es decir, sitúa a las personas en diferentes estadios o grados. Y para determinar los estadios o grados aquí, cada maestrillo tiene su librillo como dice el refranero. Encontraremos diferentes planteamientos, vemos algunos a continuación: 

Modelo de los dos vectores de Robert Castel

Robert Castel conceptualiza los procesos de exclusión social en las sociedades occidentales con el modelo de los dos vectores. Según este autor, la situación de exclusión social es el resultado del encuentro de dos vectores que se cruzan: un eje de integración / no integración laboral y un segundo eje e integración / no integración en el entorno social, refiriéndose con éste a la implicación de la persona en un sistema de relaciones. 

Es decir, la exclusión social no implica solo un eje económico centrado necesariamente en la relación de la persona con el mercado laboral, sino que parece implicar un proceso de desafiliación social y personal que termina afectando todas las áreas de actividad de la persona. 

Elaboración propia a partir de Castel, R (2001).

Otra graduación habitual de la exclusión se ordena en función de la gravedad de la situación de una persona. Así, encontraremos que la exclusión puede ser leve, moderada o grave.

  Podéis ampliar información sobre estudios que gradúan la exclusión como leve/moderada/grave en los siguientes enlaces: 

El instrumento de valoración de la exclusión social de Euskadi

 La herramienta de diagnóstico e investigación de la exclusión social de Esther Raya

La propuesta de FOESSA con su Índice Sintético de Exclusión Social, que veremos en el siguiente apartado, sitúa a las personas en: Integración, Integración precaria, Exclusión moderada, Exclusión severa.

La exclusión es, además, un fenómeno multidimensional y multifactorial: La exclusión social no se puede explicar con una sola causa ni desde una única área de la vida de las personas. 

Afecta, además, a diferentes esferas de la vida o dimensiones de la vida de las personas. Generalmente, siguiendo a Subirats y otros, encontraremos que se habla de 7 dimensiones de la exclusión social: económica, laboral, formativa, sociosanitaria, residencial, relacional y participativa.

En cuanto a los factores que inciden directamente sobre los procesos de exclusión son múltiples y de muy diversa índole. Encontramos factores institucionales, más de tipo afectivo-relacional, culturales, psicosociales, personales. Nos detendremos a analizarlos en el último apartado de este módulo. 

Por último, dos elementos importantes para entender la exclusión social.

  • Es un proceso heterogéneo, afecta a muchos y diversos grupos de personas. Esta heterogeneidad se percibe de forma más clara en épocas de inestabilidad o crisis en las que la exclusión se extiende entre diferentes capas de la población y entre “perfiles” que tradicionalmente estaban en la zona de integración.
  • Tiene un componente individual: Aunque no es habitual ver este elemento de individualidad en las definiciones de exclusión social, coincidimos con Esther Raya y con Laparra, entre otros, en resaltar que al menos es necesario tener en cuenta diferentes factores personales que, junto con el resto de factores, explican los procesos de exclusión. 

FACTORES DE EXCLUSIÓN SOCIAL

Como ya hemos mencionado anteriormente, las causas o factores que inciden directamente sobre los procesos de exclusión son múltiples y de muy diversa índole. Es importante tener en cuenta que estos factores de exclusión no afectan por igual a todos los individuos, grupos o comunidades. Es decir, existen colectivos especialmente vulnerables por la acumulación de barreras que puedan sufrir, como son las personas pertenecientes a minorías étnicas y culturales, con necesidades especiales, con problemas de salud mental, adicciones, etc. Además, como apuntan Muñoz, Vázquez y Vázquez (2003), “se multiplican de forma especial en determinados grupos de población sobre los cuales se acumulan carencias de todo tipo: económicas, laborales, educativas, de salud…”

Para abordarlos, hemos hecho una clasificación que los divide en las siguientes categorías: 

  • Estructurales – institucionales.
  • Afectivo – relacionales.
  • Culturales.
  • Personales – individuales.
  • Psicosociales.

 

Fuente: Elaboración propia.