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Desarrollo

DESARROLLO

A lo largo de este apartado nos adentraremos en el desarrollo del concepto y en algunos usos o alcances que ha tenido hasta ahora en los planos teórico, político y práctico. Pretendemos dar algunas pinceladas que nos ayuden a interiorizar mejor el concepto. Por la extensión del curso no es posible ser más exhaustivas.

Desde su primera formulación por Kimberlé Crenshaw en 1989, el concepto se ha desarrollado y elaborado de distintas maneras, transformando profundamente los estudios feministas.

Durante las últimas décadas muchas feministas han abrazado la perspectiva de la interseccionalidad, centrándose en las múltiples dimensiones de la identidad como una categoría central de análisis. La interseccionalidad se ha convertido en un concepto crucial para examinar las diferentes dimensiones de la vida social que resultan distorsionadas cuando se adopta un eje de análisis único.

La teoría de la interseccionalidad nos ayuda a desarrollar marcos de referencia que reflejen cuantas más realidades posibles en función de las distintas identidades o, lo que es lo mismo, a invisibilizar o aislar cada vez a menos personas, cada vez menos problemáticas.

La teoría de la interseccionalidad ha avanzado incluyendo otros ejes de desigualdad y opresión más allá de la tríada de Crenshaw. Una persona no queda definida sólo por una categoría, como pudiera ser el género, la raza o la clase social, sino que alberga distintas identidades, privilegios u opresiones, que no pueden ser analizados de manera aislada. De esta manera, la interseccionalidad sostiene que no es posible comprender y hacer frente a un solo tipo de opresión sin atender al resto de opresiones y privilegios que componen el organigrama social: no es posible comprender y enfrentarse al machismo sin tener en cuenta el racismo, la homofobia, o el clasismo. Y también a la inversa: no es posible enfrentarse al clasismo sin atender al machismo, el racismo o la homofobia.

Patricia Hill Collins , activista y teórica feminista negra, avanza en el desarrollo del análisis de la interseccionalidad con su “matriz de dominación”, el cuadro de análisis de opresiones y privilegios que veis abajo, que se ha constituido en una herramienta fundamental para entender la interacción e interdependencia de los ejes de opresión y privilegio.  Hill Collins fue, además, la primera en hablar de interseccionalidad como un paradigma.

Para poder analizar los diferentes elementos que conforman las “identidades”, cada persona, cada cuerpo, va a encontrarse en un punto diferente en cada uno de los ejes de desigualdad que le atraviesan. Por ejemplo, en el eje de edad, cada persona se situará más hacia la juventud o hacia la vejez según los años que tenga; en el eje de religión, si es que le atraviesa, esa persona se situará más hacia el extremo de religión minoritaria o mayoritaria, según su práctica religiosa, en el eje de capacidad se situará entre el cuerpo capaz y el cuerpo con discapacidades, así en cada eje que le atraviese.

Una de las mejores versiones en español la hemos encontrado en la web de la activista e ilustradora pnitas, que hizo además una entrada sobre interseccionalidad en su blog que os dejamos aquí para leer.

Los diferentes ejes hablan, por ejemplo, de:

Sexo biológico: Eje Hombre-Mujer

Identidad sexual: Eje Hombre masculino/mujer femenina- otras identidades

Raza: Blanca-racializada (que incluiría a todas las personas no blancas)

Diversidad funcional: Persona sin diversidad funcional-persona con diversidad funcional.

Edad: Persona joven-Persona vieja

Clase social: De clase media/alta- de clase trabajadora empobrecida.

Como veis este círculo que conforman los diferentes ejes lo parte en dos mitades una línea transversal morada. En la parte de arriba se sitúan posiciones de privilegio y en la parte de abajo situaciones de opresión. Cada persona en cada eje que le atraviese, siguiendo el ejemplo planteado, se ha situado en un punto. Ese punto se encuentra o en el área de privilegio – de la línea transversal morada hacia arriba- o en el área de opresión/resistencia – de la línea transversal morada hacia abajo. 

Para entender las situaciones de privilegio y opresión que cada persona vive es necesario conocer dónde se sitúa esa persona en cada uno de los ejes. No se trata de elegir un extremo del eje o el otro, por eso es un eje, se trata de posicionarte dentro de cada eje según tu situación.

Por ejemplo, en el eje de la raza. Vemos que en el cuadro un extremo del eje es “blanca” o el otro es “racializada”. Una persona blanca se situará muy al extremo de “blanca”, no tiene más complicación. Pero una persona no blanca se situará más al extremo de racializada a medida que la raza haya supuesto un foco de opresión en su vida. Llevándolo a un ejemplo práctico: Un jugador de la NBA negro es previsible que no se sitúe en el eje de la raza en el mismo punto que otro hombre negro que ha cruzado el estrecho en patera. Ambos son “no blancos” pero el elemento “raza” les ha puesto en situaciones de opresión diferentes.

Se puede dar, además, la posibilidad de que una misma persona se encuentre en posiciones diferentes en áreas de privilegio y en áreas de opresión, es decir que la misma persona y de forma simultánea sea opresora y esté oprimida.

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Ejercicio de autoconocimiento:

Tomate tu tiempo para hacer tu propia representación de los ejes de interseccionalidad. Reflexiona y tómate tu tiempo. Marca tu posición en todos y cada uno de los ejes. ¿En cuántos estás en situaciones de privilegio? ¿En cuántos en situaciones de opresión?

Ahora piensa en una persona con la que hayas trabajado en el último año. Debes saber algo de su historia, algo de su origen. Intenta posicionar las situaciones de esa persona en los diferentes ejes. ¿En cuántos está en situaciones de privilegio? ¿En cuántos en situaciones de opresión?

Este ejercicio no es para, es para ti. Si necesitas alguna aclaración no dudes en pedirla.

Uno de los instrumentos que más ayudan a entrever las conexiones entre distintos planos de desigualdad es el método “ask the other question”, que lo hemos visto traducido como de “la otra pregunta” o “haz la otra pregunta” de Mari Matsuda.

De acuerdo con Matsuda, cuando, por ejemplo, hay algo que parece racista, hay que preguntar, ¿dónde está el patriarcado en esto? Cuando hay algo que parece sexista, hay que preguntar, ¿dónde está el heterosexismo en esto? Cuando hay algo que parece homofóbico, hay que preguntar, ¿dónde están los intereses de clase en esto? La “otra pregunta” nos obliga a buscar las relaciones de dominación obvias y no obvias, ayudándonos a ser conscientes de que las formas de subordinación jamás se mantienen aisladas (Matsuda, 1991).

Observar situaciones discriminatorias desde una perspectiva interseccional permite identificar las causas de discriminación obvias y no obvias, contribuyendo a no preterir ninguna de sus manifestaciones.

APLICACIONES PRÁCTICAS

Desde el momento de su formulación, el concepto de interseccionalidad resuena con fuerza entre teóricas del feminismo y otros movimientos y luchas de derechos civiles, seguramente por lo que decíamos antes, el prisma de la interseccionalidad ya se estaba aplicando sin darle ese nombre.

A continuación vamos a ver algunos ejemplos en los que se aplica en la práctica el prisma de la interseccionalidad para el análisis de problemáticas complejas. Son sólo algunos ejemplos, ya que tenéis la mirada incorporada seguro que podréis encontrar decenas de ejemplos más.

“Cartografiando los Márgenes”de Kimberlé Crenshaw. 1991.

Parece obvio que empecemos con un ejemplo de la propia creadora del término, así que arrancamos con el artículo “Mapping the Margins: Intersectionality, Identity Politics and Violence against Women of Color”, publicado en 1991 y magistralmente traducido al español por Raquel (Lucas) Platero y Javier Sáez como “Cartografiando los márgenes: Interseccionalidad, políticas identitarias y violencia contra las mujeres de color”. Podéis consultar el artículo completo aquí.

En este artículo Crenshaw analiza cómo las dimensiones de raza y género están implicadas en la violencia contra las mujeres de color y propone que “las maneras en que la ubicación de mujeres de color en la intersección de raza y género hace que nuestra experiencia de violencia doméstica, violación sexual y reforma reparadora sea cualitativamente diferente a la de las mujeres blancas”. Y es imprescindible conocer en profundidad esas diferencias en las identidades de cuerpos a los que atraviesan ejes de desigualdad. Y continúa Crenshaw “Fijándome en dos dimensiones de la violencia masculina contra las mujeres -los malos tratos y la violación- estudio cómo las experiencias de las mujeres de color son frecuentemente el producto de la intersección de los patrones racistas y sexistas, de modo que ni el feminismo ni el antirracismo incluyen estas experiencias”.

Y esta sigue siendo la batalla de Crenshaw todavía a día de hoy. Los movimientos sociales y de derechos siguen, a día de hoy, sin incorporar en el análisis y las políticas el enfoque de interseccionalidad, por tanto siguen siendo parte del problema.

Una parte del movimiento feminista sigue sin reconocer, enfrentar y articular sus propios sesgos discriminatorios de raza o de clase como se reclama desde hace décadas por parte del movimiento antirracista y el anticolonial.

Una parte del movimiento antirracista y anticolonial sigue sin reconocer, enfrentar y articular sus propios sesgos discriminatorios de género, como se reclama desde hace décadas por parte del movimiento feminista.

Crenshaw a los componentes racistas y clasistas presentes en el movimiento feminista y a los componentes sexistas presentes en el movimiento antirracista los denomina “fracasos interseccionales del pasado y caballos de troya del presente” (en una traducción propia de “I call theses intersectional failures of the past trojan horses of today” Crenshaw en WOW 2016)

La propuesta de la interseccionalidad busca hacer crecer los movimientos anti discriminación y hacer coaliciones cada vez más fuertes e inclusivas contra la desigualdad y por la justicia social. Porque hay una solución, se puede aprender a mirar la realidad a través del prisma de la interseccionalidad.

Es posible tener la imagen lo más completa posible, las posibilidades de experiencias diferentes para personas a las que atraviesan identidades diferentes, y trasladar ese conocimiento a la implementación de respuestas adecuadas. En el plano más macro para elaborar políticas sociales interseccionales inclusivas, por ejemplo. En el micro para quienes valoramos, acompañamos, tenemos cierta incidencia en la vida de personas que atraviesan dificultades en distintos ejes de su vida.

Por ejemplo, en el movimiento contra las violencias machistas debemos preguntarnos;  la lucha contra todas las formas de violencia que las mujeres, en su diversidad, experimentan ¿es sensible a las dimensiones de raza? ¿Y de clase?

Pongamos el caso de los delitos por Violencia de Género cuyos datos son desde hace tiempo los más sistematizados. Analizamos cuántas mujeres denuncian, cuántas denuncias llegan a juicio, cuántos juicios acaban en condena, etc. Pero, qué pasaría si analizáramos todos esos datos en función de dimensiones como el origen de las mujeres, la raza, la situación económica… ¿Y si incluyéramos en el análisis la situación administrativa irregular u otras necesidades complejas que puedan presentar las mujeres (que estén sin hogar, que hagan uso/abuso de drogas, que presenten malestar psíquico, etc)? Nos queda un mundo de realidades por conocer y el enfoque de interseccionalidad es una herramienta imprescindible para avanzar en ese conocimiento.

Macroencuesta de Violencia Contra La Mujer 2015

La macroencuesta de violencia contra la mujer es una herramienta estadística que se desarrolla en España desde 1999 para conocer periódicamente el porcentaje de mujeres residentes en España que ha sufrido o sufre algún tipo de violencia por el hecho de ser mujeres.

Se trata de una operación estadística muy relevante que llega a miles de mujeres de 16 o más años en todo el país. Desde 2011 se encarga de su elaboración la Delegación de Gobierno contra la Violencia de Género.

Por primera vez en el año 2015, la Macroencuesta incorpora en el estudio estadístico dos capítulos referidos a violencia contra colectivos específicos de mujeres. En el capítulo 16 analiza las violencias que sufren o han sufrido mujeres con una discapacidad superior al 33%. En el capítulo 17 se estudian determinados colectivos de mujeres, entre ellas las nacidas en el extranjero, mujeres residentes en municipios pequeños o mujeres de rangos de edad determinados, las más jóvenes y las más mayores.

Aunque la finalidad no es de análisis sino estadística, por primera vez se acercan desde un prisma interseccional al conocimiento sobre cómo la dimensión de género y la de (dis)capacidad parece que generan una situación de desigualdad mayor, de mayor vulnerabilidad frente a diferentes formas de violencias machistas.

Para el análisis de las violencias sufridas por mujeres con discapacidad, la Delegación de Gobierno contó con el apoyo de la Fundación CERMI Mujeres. De las 10.171 mujeres a las que alcanzó la Macroencuesta, 442 tenían una discapacidad reconocida de más del 33%, lo que supone apenas un 4,4% de la muestra total. Aún así, el esfuerzo fue enorme para poder poner luz sobre la victimización específica de mujeres con discapacidad. Veamos algunos de los resultados más importantes que arrojó la Macroencuesta.

En la comparación de las situaciones de violencia sexual padecida por mujeres con discapacidad y sin discapacidad por la pareja actual o su anterior pareja, un 8,5% de las mujeres con discapacidad declaró haberla sufrido, frente a un 3,9% de las demás mujeres. Al incluir datos referentes a la violencia sexual fuera del contexto de la pareja o expareja, un 7% de las mujeres con discapacidad declaró haber sido víctimas de violencia sexual. Sumando a la violencia sexual la violencia física, un 35,1% de las mujeres con discapacidad afirmó haberla sufrido, cometida por su pareja, expareja o una persona desconocida, mientras que un 23,7% de las demás mujeres declaró lo mismo.

En la Macroencuesta de Violencia de Género de 2019 se mantiene este análisis que camina hacia la interseccionalidad, y se amplía ligeramente el porcentaje de mujeres con discapacidad en la muestra total, llegando al 5,8%. Estos son algunos de los resultados obtenidos en 2019:

  • Las mujeres con discapacidad acreditada han sufrido violencia sexual fuera de la pareja a lo largo de sus vidas en mayor proporción (10,3%) que las mujeres sin discapacidad acreditada (6,2%).
  • La prevalencia de la violencia en la pareja a lo largo de la vida entre las mujeres con discapacidad acreditada es mayor que entre las mujeres sin discapacidad acreditada en todos los casos. Así, por ejemplo, el 20,7% de las mujeres con discapacidad acreditada ha sufrido violencia física o sexual de alguna pareja frente al 13,8% de las mujeres sin discapacidad acreditada.
  • Las mujeres con discapacidad acreditada denuncian la violencia de la pareja en mayor medida (30,8%) que las mujeres sin discapacidad (20,9%). Este resultado muestra que, aunque en general las mujeres con discapacidad acreditada tienen mayores prevalencias de violencia en la pareja que las mujeres sin discapacidad, también denuncian en mayor medida esta violencia.
  • Lo mismo sucede con la búsqueda de ayuda formal: el 50,5% de las mujeres con discapacidad han buscado ayuda formal (médica, psicológica, han acudido a servicios sociales, etc.) como consecuencia de la violencia de alguna de sus parejas frente al 31,1% de las mujeres sin discapacidad acreditada que han sufrido violencia.

IMPLEMENTCIÓN COMO HERRAMIENTAS DE ANÁLISIS

A pesar de que el concepto se desarrolla a partir de un conflicto jurídico laboral, el caso DeGraffenreis vs General Motors como recordaréis, la implementación de la interseccionalidad en sistemas jurídicos distintos conlleva problemas técnicos y conceptuales. Con la heterogeneidad que existe en los diferentes sistemas jurídicos su implementación es difícil. Por ello no podemos decir que la interseccionalidad se haya implementado de forma generalizada como herramienta de análisis jurídico.

En la práctica, en el ámbito europeo este concepto se ha utilizado fundamentalmente en el campo de la sociología, como herramienta de análisis socio político sobre todo.

Entre las teóricas más contemporáneas que han desarrollado el enfoque interseccional, para nosotras son especialmente importantes Leslie McCall, por el uso que hace de este enfoque como herramienta de análisis de la desigualdad social, y Sylvia Walby con su teoría de la complejidad. Creemos que este enfoque, desde el planteamiento originario pasando por muchos de sus desarrollos más contemporáneos, es la herramienta metodológica que mejor nos ayuda a quienes trabajamos en esto de acompañar a personas a las que les atraviesan violencias, malestares y dolores varios a entender y analizar la desigualdad en toda su complejidad.

LA INTERSECCIONALIDAD EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

Muy reseñable es la aplicación práctica que el enfoque de interseccionalidad está empezando a tener en el diseño de políticas públicas, especialmente en las políticas sociales.

Un documento que empieza a ser imprescindible es la “Guía para incorporar la interseccionalidad en las políticas sociales” coordinada por el Ayuntamiento de Terrasa.

Este documento técnico comienza reconociendo que incorporar la interseccionalidad es un reto pero, termina, no hacerlo supone generar sesgos y exclusiones.

Y es que tradicionalmente, y todavía de forma predominante, las políticas sociales fragmentan la realidad. Habitualmente se organizan para determinados colectivos (mujeres, migrantes, mayores, jóvenes, LGTBI…) y, aunque permiten focalizar la atención en determinadas desigualdades, tienen limitaciones.

La primera es que lo que conseguimos con estas políticas monofocales es generar sujetos estándar: la mujer, el mayor,  uniformando a las personas en una colectividad

En segundo lugar, “las políticas sectoriales no tienen en cuenta los cruces entre diferentes ejes de desigualdad u opresión (clase, género, origen, (dis)capacidad). Y es que la idea de que los ejes de desigualdad operan de manera independiente, aislados unos de otros, no tiene en cuenta que nuestras realidades y necesidades son fruto de nuestra posición en relación con todos los ejes de desigualdad, que interaccionan de manera compleja. Porque nadie es solo inmigrante, mujer o sorda: una persona puede ser, al mismo tiempo, una mujer, migrada de la Argentina, bisexual, sin discapacidad, cisgénero, etc. Y, si no tenemos en cuenta la complejidad de su posición, puede ocurrir que la respuesta ofrecida no sea la adecuada a sus necesidades”.

Esta guía además de un análisis muy claro y conciso del enfoque de interseccionalidad, incorpora estrategias prácticas para su aplicación a las políticas locales.

Un ejemplo parecido lo encontramos en el proyecto piloto de Implemad para el Ayuntamiento de Madrid “hacia la implementación de la interseccionalidad en el Ayuntamiento de Madrid”, del que podéis ver aquí el informe final.

Hasta aquí algunas de las aplicaciones que hemos considerado interesantes en este primer acercamiento a la interseccionalidad. Por la extensión del curso y su carácter introductorio no hemos querido ir mucho más allá de los enfoques pioneros de Crenshaw y Hill Collins, todavía vigentes hoy en día. A partir de los 2000 además, han surgido otras autoras que matizan, enriquecen y complementan ese primer enfoque y a cuyas aportaciones os recomendamos acercaros. Entre ellas, destacamos a Leslie McCall, Sylvia Walby, Nira Yuval-Davis o Mira Marx Ferree, entre otras.