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Hablemos de género

HABLEMOS DE GÉNERO

En este apartado vamos a hacer un acercamiento general e introductorio al género y la perspectiva de género. Quizás para algunas de vosotras  se quede  corto, pero necesitábamos partir de un marco general teórico conocido por todas para poder seguir. No es la intención de este curso profundizar en exceso en la teorización del género, que tiene profundidades e implicaciones que ocuparían todo el temario. Para quien quiera profundizar en cuestiones de género recomendamos siempre a cualquiera de las precursoras de la teorización feminista, a nosotras nos gustan especialmente Kate Miller, Angela Davis … pero buscad, leed y decidid quiénes os gustan a vosotras. De las autoras contemporáneas nos ayudan a formar y revisar mirada Nuria Varela, Ana Bernal Triviño e Irantzu Varela, sólo por daros algunas referencias. 

Empecemos por el principio. 

Hablamos de sexo para referirnos a las diferencias físicas, biológicas, entre los cuerpos de las mujeres y los cuerpos de los hombres. Una persona nace con unos atributos por los que se le asigna un sexo, ya sea femenino o masculino. 

A mediados de la década de los 70 del pasado siglo, desde el feminismo surge el concepto de género para hacer referencia a la construcción social de las diferencias sexuales entre mujeres y hombres, es decir, por género aludimos a las normas y conductas asignadas culturalmente a los hombres y a las mujeres en función de su sexo.

En 1970, la teórica feminista Kate Millet se refería en estos términos al concepto género:

“En virtud de las condiciones sociales a que nos hallamos sometidos, lo masculino y lo femenino constituyen, a ciencia cierta, dos culturas y dos tipos de vivencia radicalmente distintos. El desarrollo de la identidad genérica depende, en el transcurso de la infancia, de la suma de todo aquello que los padres, los compañeros y la cultura en general consideran propio de cada género y no concerniente al temperamento, al carácter, a los intereses, a la posición, a los méritos, a los gestos y a las expresiones. Cada momento de la vida del niño implica una serie de pautas acerca de cómo tiene que pensar o comportarse para satisfacer las exigencias inherentes al género.

Por tanto, el género es una construcción dentro de una sociedad que define características y comportamientos como propios de mujeres o de hombres. El género está detrás de frases como: “los hombres no lloran”, “las mujeres son habladoras”, “los hombres son activos”, “las mujeres son cariñosas” y un etcétera infinito. Comportamientos y características que dan forma a las representaciones ideales que ha creado el patriarcado y que ha hecho posible a su primo (parafraseando a Pamela Palenciano), el capitalismo. 

El género estructura la sociedad, da forma a las relaciones entre hombres y mujeres y sirve de base, decimos, para la construcción social de las identidades femenina y masculina. Y esas identidades, esos roles de género los interiorizamos a través del proceso de socialización. Desde la más tierna infancia observamos, aprendemos y reproducimos comportamientos socialmente aceptados como femeninos o masculinos, según lo que la sociedad entienda que le corresponde a cada una o cada uno. Y a la vez, comportamientos, actitudes, representaciones de género como el vestido, discordantes con lo que se espera de ti como niña o niño, mujer u hombre, encuentran desaprobación en el grupo de socialización. 

Los roles de género son, por tanto, el conjunto de normas, deberes, aprobaciones, prohibiciones y expectativas acerca de los comportamientos sociales apropiados para las personas que poseen un sexo determinado.

¿En qué se diferencian los roles de los estereotipos de género

Los roles definen cómo se espera que actúe, se vista, se comporte, hable o se mueva una persona en función del sexo asignado: mujer u hombre. 

Los estereotipos de género son prejuicios o simplificaciones ampliamente aceptadas que generan desigualdad basada en el género de una persona. Podríamos decir que los estereotipos son el cemento de la base del sexismo. 

Habitualmente encontramos los estereotipos de género categorizados en cuatro: 

  • Rasgos de personalidad: Algunos asociados más al constructo de lo “masculino” como la fortaleza, la firmeza, la agresividad, la seguridad, etc. Otros asociados a lo “femenino”, como la emotividad, la ternura, la complacencia, etc. 
  • Reparto de roles en el ámbito doméstico: De las mujeres se espera que asuman las tareas domésticas, que limpien, cocinen, planchen y cuiden a niñes o personas dependientes mientras que los hombres asumen las tareas de proveer, gestionar el dinero, reparar desperfectos, etc.
  • Profesiones: Uno de los clásicos de los estereotipos de género es la categorización de algunas profesiones como “de mujeres” o “de hombres”, muchas representaciones de estos estereotipos los encontramos en los disfraces y los juegos de infancia. Encontraremos con más facilidad disfraces de enfermera, profesora o azafata para niñas y de policía, militar o piloto para niños. 
  • Aspecto físico y vestido: Físicamente, lo femenino se relaciona con la delgadez, la finura, la ausencia de vello corporal o facial mientras que la altura, la musculación, el vello se relacionan con lo masculino. De mujeres y de hombres se espera que vistan de una determinada manera, hay prendas de o para mujeres y otras de o para hombres; complementos de mujer, etc. 

En el módulo 2 del curso, en lo relacionado con la invisibilidad de las mujeres sin hogar veremos la importancia de todos estos aspectos en la forma en que las mujeres transitan por las situaciones más visibles de calle y por albergues. 

¿Por qué sucede una construcción tan precoz de los estereotipos de género en edades tan tempranas? Pues por el trato diferencial que reciben las mujeres y los hombres desde el momento de su nacimiento en el ámbito privado y en el ámbito público, lo que determinan en el futuro comportamientos y expectativas radicalmente diferentes entre unas y otros, condicionados por su sexo biológico. Si a todo ello se le una la circunstancia de que de manera directa o indirecta muchas de estas ideas se siguen manteniendo en los diferentes contextos de socialización en los que se produce el desarrollo, cargados todos ellos del peso de los roles de género asignados históricamente a mujeres y hombres, se entiende el origen de las situaciones de desigualdad y al mismo tiempo las claves para trabajar en contra de éstas. (www.emakunde.euskadi.net)

Porque en realidad no existiría ningún problema si los estereotipos no hubieran implementado la desigualdad, la misoginia o la violencia hacia las mujeres. Sin embargo, el sistema patriarcal se ha encargado desde sus orígenes de generar marcados estereotipos de género que, en caso de no ser cumplidos, han implicado y siguen suponiendo un fuerte castigo tanto entre las mujeres como entre los hombres, claves igualmente para entender la desigualdad y la violencia.

Todo este sistema de roles y estereotipos produce una categorización y diferenciación entre mujeres y hombres que va definiendo, dotando de valor o no, llenando de significado y construyendo personalidades y modos de actuación a partir de lo que es considerado por naturaleza “masculino” o “femenino”, caracterizado históricamente por la oposición y la jerarquización y, por consiguiente, sentando las bases de la desigualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres.

El concepto de igualdad y desigualdad de género es crucial y lo abordamos en el siguiente apartado. 

El último de los conceptos que vamos a abordar en esta primera aproximación y que es, también, crucial para avanzar en el curso, es la perspectiva o análisis de género.

La perspectiva de género es la metodología de análisis, la herramienta que nos permite identificar, cuestionar y valorar la desigualdad entre mujeres y hombres y la discriminación. 

Analizando con perspectiva de género buscamos poner luz, mostrar, cómo algo incide, impacta o afecta de forma diferente a mujeres y hombres por el hecho de ser mujeres y hombres (biológicamente y culturalmente, es decir, como sexo y como género). 

Desgranando más, el análisis de género consiste en la consideración de las diferentes situaciones, características, condiciones de vida, obstáculos o limitaciones, participación, recursos, derechos, prioridades o necesidades, valores y comportamientos de hombres y mujeres, determinados por los roles tradicionales de género en la sociedad.

En el caso concreto de este curso, analizaremos con perspectiva de género cuestiones como la pobreza, la exclusión, la exclusión residencial y el sinhogarismo y ahondaremos en explicar las especificidades de las trayectorias de exclusión residencial en las mujeres. 

¿Qué nos aporta como profesionales la incorporación de la perspectiva de género como herramienta de análisis de la realidad con la que trabajamos? 

En primer lugar, conseguir una explicación más completa y compleja de las problemáticas y los fenómenos sobre los que tratamos de incidir, un análisis que incorpora desigualdades culturales y estructurales que van más allá de las características individuales de las personas con las que trabajamos. 

En segundo lugar, nos va a permitir ser capaces de identificar en nosotras los sesgos de género que tenemos, todas los tenemos, y que condicionan la forma en la que nos relacionamos con las personas con las que trabajamos y la forma en la que reproducimos, en muchas ocasiones de forma inconsciente, las desigualdades y la discriminación.

En todo caso, nos va ayudar a ampliar mirada y a completar la parte de la historia que ha quedado en la penumbra. En el caso de las trayectorias de pobreza, exclusión y sinhogarismo, que mayoritariamente se nos han contado en la forma y con la causalidad con la que afectan a los hombres, nos va ayudar a completar mirada sobre las vivencias o experiencias en las mujeres.