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El papel de las violencias machistas en la exclusión residencial

EL PAPEL DE LAS VIOLENCIAS MACHISTAS EN LA EXCLUSIÓN SOCIAL

¿QUÉ RELACIÓN HAY ENTRE UNA Y OTRA?

A pesar de que vamos avanzando en el conocimiento de la relación entre las violencias machistas y el sinhogarismo, todavía a día de hoy no contamos con suficiente evidencia científica que nos permita hablar con certezas de cómo es la relación entre estas dos dimensiones. Por las investigaciones llevadas a cabo a nivel global sabemos que hay cierta relación entre la violencia de género y el sinhogarismo en mujeres, que son dos dimensiones que interseccionan. A esa conclusión llegan Bretherton y Pleace en 2013, Mayock y Bretherton en sus estudios de 2016, 2017 y 2021. A esa conclusión llegamos el equipo de AIRES en la investigación “Mujeres Invisibles” y los estudios de la Universidad de Barcelona y de Galicia, a los que seguro ya habéis echado un vistazo. 

Carecemos casi por completo de datos comparables entre sí entre unos países y otros, por lo que intentaremos dejar bien claro el contexto en el que hablamos en este apartado y no es recomendable por ahora extrapolar conclusiones fuera del contexto en el que se haya producido cada análisis. 

A estas alturas del curso ya sabéis que seguimos mucho el trabajo de investigación de Paula Mayock y Joanne Bretherton especialmente. 

De entre sus artículos, consideramos imprescindibles los que os listamos aquí (en inglés, su idioma original)

La violencia de género o violencia doméstica en el entorno europeo, es, claramente y sin duda alguna, el elemento que marca la diferencia, a nivel global, entre el sinhogarismo en mujeres y el sinhogarismo en hombres. 

No sólo sabemos que es una causa del sinhogarismo en mujeres (lo podéis ver en Panadero y otros, Gámez, Mayock & Bretherton, Pleace, Estudio Universidad de Barcelona, Estudio Xunta Galicia, Investigación “Mujeres Invisibles” de AIRES) sino que, además, es una de las formas de violencia habitual que sufren las mujeres en la situación de sin hogar

Hablaremos de violencia de género (refiriéndonos a la violencia por parte de pareja o ex pareja) o violencia en el ámbito doméstico porque son los términos que se han investigado de forma más o menos homogénea en el escaso y variopinto entramado de la investigación en este campo. 

La violencia de género es causa y consecuencia del sinhogarismo en mujeres. El sinhogarismo en mujeres es causa y consecuencia de la violencia de género. 

En base a la evidencia científica de la que disponemos, es ya una certeza a nivel global que las violencias machistas y, especialmente la violencia contra las mujeres que ejercen sus parejas o ex parejas hombres, en Europa mayoritariamente denominada violencia doméstica, es el componente que da una dimensión distinta y única al sinhogarismo en las mujeres. 

A nivel europeo encontramos datos muy heterogéneos y poco comparables entre sí. Aún así vamos a resaltar algunos datos importantes de las últimas décadas. En un estudio en Reino Unido de Reeve y otros (2006) con 134 mujeres sin hogar, se constató que el 20% indicaban como única causa de su situación de sin hogar el escapar de la violencia perpetrada por su pareja u otro familiar. En el caso de las mujeres entre 41 y 50 años, ese porcentaje subía hasta el 40%. 

En una investigación liderada por Paula Mayock en Irlanda en 2012 los resultados fueron parecidos. Dos tercios de las mujeres sin hogar entrevistadas habían sufrido violencia por parte de su pareja, el 55% de ellas reportaron haber sufrido algún tipo de violencia durante toda su vida y el 40% haber sufrido abusos sexuales en la infancia. 

En Canadá sabemos que el 91% de mujeres ha sufrido algún tipo de abuso o agresión antes o durante la situación de sin hogar. Además, se ha constatado que el 37,4% de mujeres jóvenes en situación de sin hogar ha sido agredida sexualmente y que el 74,5% de las mujeres sin hogar ha sufrido violencia física y/o sexual antes de los 18 años. (Schwan et al 2020

En el caso de España sabemos que el porcentaje de mujeres que están sin hogar que reconocen haber sufrido o sufrir violencia de género está entre el 56% y el 71% según los estudios de los que disponemos. Además, entre el 34,6% y el 60% de las mujeres que están sin hogar reconoce haber sido víctima de abuso o agresión sexual al menos una vez en su vida. Sólo por tener un dato para dimensionar estas cifras, si regresamos a los datos de la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2019, vemos que de la estimación de mujeres que han sufrido abuso o agresión sexual por parte de su pareja es del 8,9%. 

Los datos más recientes sobre victimización de mujeres sin hogar de la ciudad de Madrid los encontramos en un artículo publicado por Esther Rivas, José Juan Vázquez y Sonia Panadero en 2021 en la Spanish Journal of Psychology y originalmente en inglés. Os adjuntamos el artículo para quien lea en ese idioma porque, como todo lo que hace este equipo investigador, arroja mucha luz sobre la materia. 

El artículo lleva el título de Intimate partner sexual violence and violent victimisation among women living homeless in Madrid que, en nuestra traducción particular lo leeríamos como “Violencia sexual por parte de pareja o ex pareja y victimización entre mujeres sin hogar en Madrid”. 

Vamos a analizar algunos de los resultados que arroja su investigación. 

Fuente: Rivas-Rivero et al 2021

En este cuadro se recogen los sucesos vitales estresantes relacionados con violencias que han sufrido las mujeres encuestadas (136) a lo largo de su vida. Además, incluye la edad media en la que sufrieron cada SVE por primera vez. 

En el cuadro de arriba vemos cómo el 40% del total de las mujeres entrevistadas ha sufrido alguna forma de abuso o agresión , especialmente por parte de miembros de su familia, antes de los 18 años

En la parte de arriba del cuadro -con fondo sin sombrear- vemos las diferentes violencias sufridas por las mujeres antes de los 18 años. De arriba abajo observamos que: 

  • El 33,8% de las mujeres vivieron con una madre víctima de violencia de género por parte de pareja o expareja. La edad media de la primera victimización es de 6,77 años. 
  • El 39,7% sufrieron violencia en el ámbito familiar, de media desde los 6,60 años. 
  • El 41% refieren abusos desde los 8.15 años. Estos abusos incluyen violencia psicológica (33,1%) y física (27,2%) por parte de familiares y violencia psicológica (8,1%) y física (8,1) por parte de no familiares. 
  • El 30,1% reportan abuso sexual con una escalofriante edad media de inicio de 10.33 años. En el 20,6% de los casos el perpetrador es un miembro de la familia de la víctima, en el 12,5% de los casos no es de su núcleo familiar. 

En la parte de debajo de la tabla, sombreado en gris, vemos los resultados de las violencias sufridas después de los 18 años

  • El 52,2% de las mujeres sufrieron violencia física, por primera vez de media a los 29,43 años. 
  • El 41,2 % fue víctima de agresión sexual a una edad media de 28.30 años. En este caso en mayor medida el agresor fuer alguien de fuera de su núcleo familiar (20,6%) y en un 4,4% de los casos el agresor fue un familiar. 

Aunque todavía falte evidencia e investigación en este campo, ya vislumbramos que las violencias tienen un peso específico enorme en el hecho de que las mujeres pierdan su espacio seguro de vida, su hogar, y en que tengan dificultades para acceder y mantener una vivienda de forma independiente. 

Además, sabemos que las violencias condicionan la forma en la que las mujeres transitan por centros y servicios donde no se sienten seguras ni terminan de encontrar apoyo, el modo en que se relacionan con otras personas y consigo mismas, el peso del trauma que es consecuencia de esas violencias y que es definitorio en las trayectorias de sinhogarismo en el caso de las mujeres. 

Por tanto es imprescindible que las respuestas que proporcionemos, que el acompañamiento hacia la recuperación y la autonomía, que las profesionales que valoramos o acompañamos en los diferentes centros y servicios, seamos capaces de ver la situación de las mujeres en toda su complejidad. Y esto sólo se consigue con una mirada y una acción feminista e interseccional basada en el enfoque de derechos. 

Ahora bien, no es el único componente que desencadena el sinhogarismo. De hecho no todas las mujeres que sobreviven a violencia de género llegan a estar en una situación de sin hogar. 

Como veíamos en el apartado anterior, la prevalencia de violencias sobrevividas por las mujeres sin hogar a lo largo de toda su vida es alta. También es alto el riesgo de sufrir violencias, abusos y otras formas de explotación tanto en la calle como intentando evitar la calle (en albergues o en alternativas de alojamiento en precario). 

Pero el peso de las violencias en las trayectorias de las mujeres no debe eclipsar otros elementos estructurales o personales que pueden incidir en situaciones donde las mujeres enfrentan, a la vez que las violencias, otras necesidades complejas. 

Entre los elementos estructurales encontramos la falta de vivienda pública o privada asequible y digna, desigualdades estructurales basadas en el género; a nivel laboral, formativo, salarial, en los sistemas de protección social, etc. Discriminaciones por el origen, la lengua, el color, la falta de papeles, por ser pobres, por motivos de orientación o identidad sexual, por motivos religiosos, etc. 

Además, al mismo tiempo que las violencias, las mujeres pueden estar enfrentando malestar psíquico (en cualquiera de sus formas, con o sin diagnóstico, con o sin tratamiento), uso o abuso de drogas (de fármacos prescritos o de otras drogas), puede que necesite apoyo para acceder o para mantenerse en una vivienda o un alojamiento, etc.