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Pobreza y exclusión con enfoque de género e interseccionalidad

POBREZA Y EXCLUSIÓN EN CLAVE DE GÉNERO

Que la pobreza impacta de forma diferente a hombres y mujeres quedó reflejado, por primera vez a nivel institucional e internacional en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de Pekín en 1995. Como se instó entonces, “considerar esas diferencias, conocerlas, comprenderlas, ayuda a adoptar medidas que sean realmente eficaces para eliminarla”.  

Algo antes, en la década de 1980, algunas feministas de países de América y África comenzaron a analizar el fenómeno de la pobreza desde una perspectiva de género. Identificaron una serie de fenómenos dentro de la pobreza que afectaban de manera específica a las mujeres y señalaron que la cantidad de mujeres pobres era mayor a la de los hombres, que la pobreza de las mujeres era más aguda que la de los hombres y que existía una tendencia a un aumento más marcado de la pobreza femenina, particularmente relacionada con el aumento de los hogares con una mujer al frente. Para dar cuenta de este conjunto de fenómenos se utilizó el concepto de “feminización de la pobreza”. El análisis de la pobreza desde la perspectiva de las mujeres tuvo una de sus principales expresiones en la Red Feminista Internacional Development Alternatives with Women for a New Era (DAWN) – Alternativas de Desarrollo para la Mujer en la Nueva Era (MUDAR). 

Aunque el planteamiento de la “feminización de la pobreza” ha sido objeto de debate, ha puesto en evidencia la necesidad de reconocer que hombres y mujeres sufren la pobreza de manera diferente, y que el género es un factor, como la edad, la etnia y la ubicación geográfica, entre otros, que incide en la pobreza y aumenta la vulnerabilidad de las mujeres a padecerla. 

Además, puso encima de la mesa la necesidad de analizar la pobreza teniendo en cuenta otras desigualdades que inciden directamente en ella. Así, se empezó a analizar de la pobreza desde diferentes enfoques y conceptos han puesto de manifiesto la complejidad de la pobreza y han favorecido el logro de un mayor consenso en cuanto a que se trata de un fenómeno con varias dimensiones, que obedece a diversas causas y se manifiesta de diferentes maneras, es decir, un fenómeno multidimensional y heterogéneo, que comprende carencias materiales, no materiales, subjetivas y culturales. 

Medir la pobreza desde un enfoque adecuado de género no sólo supone desagregar los datos en hombres y mujeres (ya raro es el estudio o análisis que no lo hace, aunque quedan algunos ejemplos), implica, además: 

  • Analizar y diseñar en clave de género los instrumentos con los que medimos la pobreza. Un ejemplo con el que se entiende este punto perfectamente es el hecho de utilizar la renta por hogar como unidad de medida de la pobreza. Como alertan Valls y Belzunegui, este indicador, como algunos otros que reflejan las estadísticas oficiales sobre pobreza, son ciegos a la cuestión de género porque, entre otras limitaciones, contabilizan los ingresos de los hogares en su conjunto y los distribuyen equitativamente entre sus miembros sin tener en cuenta qué individuos del hogar poseen mayores cuotas de poder en la administración de los recursos generados –y, en consecuencia, se sitúan en una posición de autonomía– y cuáles se encuentran en situación de dependencia financiera.´

  • Ir más allá de los aspectos puramente económicos o materiales para medir la pobreza. Analizar la pobreza en clave de género implica tener en cuenta aspectos como el acceso a los recursos culturales, la autoestima, la disponibilidad de tiempo y de espacio, la dedicación a trabajos no remunerados o la violencia de género, entre otros.  

¿Cuáles son las causas de que la pobreza tenga rostro de mujer? 

De nuevo, abordaremos esta pregunta de modo esquemático y generalista. Coincidiendo con muchas teóricas feministas de la pobreza, nosotras nos inclinamos por 3 causas principales:

1. Desigualdades en el acceso al mercado de trabajo

Desigualdades que se traducen en: 

  • Tasa de actividad más baja.
  • Mayor tasa de desempleo.
  • Mayor tasa inactividad.
  • Mayor tasa de salida del mercado de trabajo.

Una vez dentro del mercado laboral, se traducen en: 

  • Más parcialidad.
  • Más precariedad (por los sectores mayoritarios en los que trabajamos las mujeres).
  • Menos tiempos de cotización y por bases más pequeñas. 
  • Mayor tasa de absentismo relacionado con los cuidados.

La EPA pregunta a hombres y mujeres no activos por la/s causa/s de su inactividad. En este aspecto encontramos diferencias notorias que se sustentan en desigualdades. 

2. Desigualdades en el acceso a los sistemas de protección social

La desigualdad de género se reproduce también en el acceso a prestaciones sociales. Según nuestro modelo de bienestar, de tipo continental mediterráneo, el derecho de acceso a las prestaciones (contributivas) y la cantidad percibida se ven determinados de manera intensa por el tiempo de vinculación laboral previa y por la cantidad de cotizaciones satisfechas. Por tanto, los hombres vuelven a ser beneficiarios de más prestaciones sociales, es decir, las pueden cobrar en mayor proporción y, también las cuantías que perciben los hombres son mayores que las de las mujeres. 

En contraposición, la presencia de mujeres entre las perceptoras de pensiones no contributivas es abrumadora.

Con datos de la nómina de abril de 2020, en España hay 452. 487 personas beneficiarias de PNC de jubilación, de invalidez o de jubilación derivada de invalidez. Arriba tenéis los datos desagregados, si vamos a los totales, un 35,09% de los beneficiarios son hombres mientras que el 64,91% son mujeres. Si nos vamos a donde la desigualdad es más flagrante, en las PNC de jubilación, el 25,11% de los beneficiarios son hombres mientras que el 74,89% son mujeres. Eso teniendo en cuenta que hablamos de unas pensiones cuyas cuantías varían por Comunidades Autónomas pero que, de media, suponen 406,81 euros en 2020. La precarización de las condiciones de vida de las mujeres mayores que no han cotizado el tiempo suficiente es aterradora. 

3. ROLES DENTRO DEL HOGAR

A pesar de que en los últimos años se ha conseguido una participación más equilibrada de hombres y mujeres en el mercado laboral, las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las responsabilidades familiares y domésticas.

La conciliación entre vida personal y laboral está relacionada con diversos aspectos de la organización de la sociedad, como flexibilidad de los horarios de trabajo, infraestructura y oferta de servicios de cuidados para niños y personas dependientes, cambio en las estructuras familiares, aumento de la longevidad que conlleva un aumento en las necesidades de cuidados de personas mayores o personas con algún tipo de discapacidad.

La Encuesta de Calidad de Vida elaborada a nivel europeo por Eurofound (Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo) cada cuatro años ofrece información en relación al trabajo y a las actividades de trabajo no remunerado, así como la frecuencia y el número de horas dedicadas a estas actividades (cuidado o educación de hijos, de nietos, cocinar o realizar labores domésticas, cuidado de familiares, vecinos o amigos con discapacidad).

Veamos los datos de 2016, últimos datos oficiales de los que disponemos: 

4. OTROS EJEMPLOS PRÁCTICOS DE DESIGUALDAD

Después de hacer un análisis mas teórico sobre la feminización de la pobreza veamos algunos ejemplos prácticos de en qué se traduce la desigualdad en algunos campos. Encontramos ejemplos en multitud de ámbitos: acceso al conocimiento y la formación, dependencia y discapacidad, empleo, salud mental, consumos, exclusión residencial, hemos elegido sólo unos cuantos. 

EJERCICIO PRÁCTICO

SALUD

Te proponemos una actividad para tu reflexión (si estuviste en nuestro curso presencial igual ya lo hicimos, si es así no hagas spoiler ;)). Piensa en los síntomas que avisan de un infarto. Enuméralos en tu cabeza o escríbelos en una lista. 

Sólo cuando lo hayas hecho pasa a la siguiente página.

Te sorprenderá pero los síntomas que nos han contado son los que sienten los hombres. Los síntomas en las mujeres son otros y son más difíciles de detectar a tiempo porque en general se confunden con síntomas de patologías altamente prevalentes en mujeres. 

Difunde esta infografía entre las mujeres que conozcas, aprendamos a detectar a tiempo un infarto, también nosotras. 

En el ámbito de la salud hay muchos otros ejemplos, en salud mental encontramos innumerables. Afortunadamente desde hace unos años se investiga la salud mental, también, en clave de género. 

EMPLEO

Hemos analizado algunos de estos factores a lo largo de este contenido. Resumimos arriba los componentes más definitorios de la desigualdad en el ámbito laboral.

Y vale la pena detenernos en la brecha salarial, todavía presente en nuestro país, por la reciente aprobación del Real Decreto 902/2020, de 13 de octubre, de igualdad retributiva entre mujeres y hombres. 

 Os recomendamos una lectura detenida del RD, lo podéis encontrar aquí.