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Enfoques de derechos, de fortalezas y de capacidades para un necesario cambio de mirada

ENFOQUES DE DERECHOS, DE FORTALEZAS Y DE CAPACIDADES PARA UN NECESARIO CAMBIO DE MIRADA

ENFOQUE DE DERECHOS HUMANOS

Dignidad y calle

“En Madrid es difícil vivir en la calle y mantener la dignidad intacta. La dignidad alzada. He conocido a mujeres, de pelo alborotado y boca a huecos, que mantienen la dignidad y lo hacían con un toque de carmín en los labios. Aunque lloviese y esperasen una hora para recibir un bocadillo. Aunque estuvieran vencidas por el alcohol y supieran que el calificativo más suave que recibirían en ese día sería borracha o pobre borracha. Daba igual. Un golpe de carmín, un esconder el frasco de colonia de las garras del ladrón, detrás del árbol, y un olor a bosque en la ciudad, en ellas. Hay dignidades que asustan por su grandeza. El hombre de las bolsas de plástico, del hatillo único, de la huida, que plancha con sus manos la ropa recién lavada en una fuente pública (¿por qué cada vez quedan menos?) y la deja reposar sobre un banco mientras vigila esa camisa casi sin hilvanes. Manuel me contó que él un día se ofendió. Un día se ofendió y contó hasta tres para no perderse. Él llevaba años en su columna, en su casa de la plaza Luna. Una mujer que quiso ser amable, que quiso ser tierna, le dijo: “Con usted Manuel, da gusto. Siempre tan limpito”. Él la miró fiero pero la contestó suave: “Señora, usted no se confunda. Una cosa es la pobreza y otra cosa es la limpieza. No están reñidas”.

La dignidad de lavarse los dientes, si quedan, en la fuente del parque, la dignidad de relavar la ropa vieja y extraña; la dignidad de Manuel de coserse el botón de su camisa, de cosérselo aunque esté ciego, de cosérselo porque “quiero seguir valiéndome por mí mismo, me quieren hacer inútil, me quieren mostrar que yo no valgo. A mí que me enhebren la aguja que yo mal que bien me coso el botón, me hago lo mío”. La dignidad de sentirse dueño de una parcela de intimidad. La dignidad es empeñarse en seguir un poco vivo. Aunque el resto te lo niegue.

La dignidad es ser humano. Antes del viaje leí un libro que hablaba de mantener la dignidad cuando todo alrededor era indigno. Primo Levi vivió la experiencia de los campos de exterminio. Vivió, sobrevivió y multiplicó sus vivencias al escribir, entre otros, Si esto es un hombre. Primo Levi cuenta en este libro una anécdota que nos revela esa dignidad que puebla las calles. La dignidad del vencido. Primo Levi no comprendía la actitud de este hombre.  Cómo se arrastraba para mojar unos harapos que se hacían jirones. Este hombre le miró y le dijo: “El día que no lave mi camisa, el día que no me preocupe por lo poco mío que tengo, ese día habré muerto, y ellos me habrán vencido”.

En la calle, no nos confundamos, hay muchos que se abandonan, por un periodo o por vida, y hay muchos que penden de un hilo: el de su dignidad que les levanta. Y no hay nada más puro que, por ejemplo, una mujer que duerme en El Retiro y que corre, de mañana, al lago, a ver su imagen en el agua. Para asegurarse de que sigue viva.”

A ciegas. Mil historias de calle. Mónica Sánchez

En palabras del Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas, los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna. Estos derechos son interrelacionados, interdependientes e indivisibles.

Se fundamentan en el principio de universalidad, piedra angular del Derecho Internacional de Derechos Humanos. Los Derechos Humanos universales están a menudo contemplados en la ley y garantizados por ella, a través de los tratados, el derecho internacional consuetudinario, los principios generales y otras fuentes del derecho internacional. El derecho internacional de los Derechos Humanos establece las obligaciones que tienen los gobiernos de tomar medidas en determinadas situaciones, o de abstenerse de actuar de determinada forma en otras, a fin de promover y proteger los Derechos Humanos y las libertades fundamentales de los individuos o grupos.

Los Derechos Humanos son el conjunto de derechos y libertades iguales e inalienables de todos los seres humanos, que establecen las bases para la libertad, la justicia y la paz en el mundo, según la Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948. En el material complementario de este apartado tenéis la Declaración Universal de Derechos Humanos, un documento que os animamos a tener siempre cerca para lectura y consulta. 

El enfoque basado en los Derechos Humanos (EBDH) es un marco de referencia que adoptan los Organismos y Agencias Internacionales de Derechos Humanos y de Desarrollo a finales de la década de los 90 del pasado siglo. Antes de la adopción de este enfoque, primaba un enfoque basado en las necesidades básicas. Como norma general en la planificación de programas, antes se identificaban las exigencias básicas de los beneficiarios (necesidades) y, o bien apoyaban iniciativas para mejorar la prestación de servicios, o bien fomentaban su cumplimiento. Gracias al enfoque de Derechos Humanos hemos pasado de hablar de necesidades a hablar de Derechos, y este hecho ha modificado sustancialmente la acción social y la intervención social a nivel global. 

El enfoque de Derechos Humanos, que encontraréis también en literatura científica como enfoque basado en Derechos Humanos, tal y como establece la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID), está basado en los valores, principios y normas universales, propios de la dignidad de la persona humana, que se refieren a la vida, libertad, igualdad, seguridad, participación política, bienestar social y cualquier otro aspecto ligado al desarrollo integral de la persona, y que se sustentan en los derechos humanos.

Antes de la década de los 90 del siglo XX, de Derechos Humanos hablaban las organizaciones específicas de defensa de Derechos Humanos, no era un enfoque que se hubiera integrado en el resto de organizaciones de acción social.

Con el EBDH se pretende conseguir que toda acción que vaya destinada a personas o grupos especialmente vulnerables o se realice en zonas de conflicto, de pobreza extrema, etc, tengan como objetivos transformar las relaciones de poder que existen, corregir las desigualdades, las prácticas discriminatorias y el injusto reparto de poder, por ser estos los principales problemas que obstaculizan el desarrollo.

El enfoque de Derechos Humanos se basa en una serie de principios y valores básicos

Principios: Universalidad, Indivisibilidad, Interdependencia, Igualdad y no discriminación, Participación, Inalienabilidad, Rendición de Cuentas…

Valores: Dignidad, Libertad, Igualdad, Solidaridad, Seguridad, Justicia…

De entre las innumerables aportaciones que el Enfoque de Derechos Humanos ha hecho a la intervención social (dentro y fuera del ámbito de la cooperación al desarrollo), nosotras destacamos tres: 

  • Supone un nuevo marco de referencia que debe guiar las políticas sociales, los planes, programas y proyectos, con un nuevo mapa claro para todos los agentes implicados, un mapa compartido que, además, permite la evaluación y, por tanto, la rendición de cuentas. Este nuevo marco de referencia implica que es necesario conocer el contenido de los derechos humanos recogido en los tratados y convenios internacionales e incorporar las dimensiones de disponibilidad, acceso, aceptabilidad, calidad, sostenibilidad, participación, en el análisis de cada derecho.
  • Introduce una nueva forma de mirar a las personas destinatarias de las acciones: 
    • Las personas a las que van destinadas nuestras acciones pasan a ser titulares de derechos.  
    • Las personas, familias, comunidades, organizaciones sociales, empresas, etc, se convierten en titulares de responsabilidades
    • Los Estados y las administraciones públicas que los conforman son titulares de obligaciones
  • Aporta una mirada más completa y compleja de la realidad sobre la que queremos incidir. El EBDH nos exige una mirada caleidoscópica y eso implica tener en cuenta el marco social, político, económico, cultural, que determina la relación entre los distintos titulares de derechos, de obligaciones y de responsabilidades y las exigencias, los deberes y las responsabilidades

La aplicación práctica de este enfoque ha sido crucial en nuestra forma de concebir a las personas con las que trabajamos, a las destinatarias de nuestros programas. En España, como tantas otras cosas, su desarrollo y aplicación normativa son todavía lentos (aunque ya lo podemos ver en Planes nacionales de Cooperación Internacional, por ejemplo). Eso en el nivel más normativo y formal. En la práctica en el sector de servicios sociales afortunadamente cada vez está más extendido y cada vez somos más quienes vemos a las personas destinatarias de nuestros programas como titulares de derechos y responsabilidades y no como receptores de ayudas discrecionales. 

ENFOQUE DE CAPACIDADES

Tradicionalmente, en la explicación teórica de la exclusión social los indicadores económicos han tenido un peso proporcionalmente mayor que otros, por ejemplo, los que tienen que ver con el universo relacional de cada persona. 

De la misma manera, hemos aprendido la causalidad de los procesos de exclusión social desde las pérdidas, rupturas y necesidades (pérdida de empleo; separación o divorcio; necesidad de apoyo para las actividades básicas de la vida diaria, por poner sólo unos ejemplos.) 

A principios de los años noventa del pasado siglo, Amartya Sen, economista laureado con el premio Nobel y filósofo, enuncia el enfoque de capacidades (capabilities approach). De entre las personas que han desarrollado y complementado esta teoría destacamos a  Martha Nussbaum cuya categorización de las capacidades es fundamental para entender este planteamiento teórico. 

En principio el enfoque surge como una forma de medir la calidad de vida de las personas dentro del contexto del desarrollo humano pero con el tiempo las aplicaciones de su propuesta han llegado mucho más allá. La teoría de Sen pone en jaque la mirada profesional de quienes acompañamos procesos de inclusión social y, en cierto modo, esta teoría nos plantea un reto: para hacer realidad la premisa de poner a cada persona en el centro de la intervención y para trabajar, sobre todo, con las potencialidades de cada persona, es necesario que (re)aprendamos a mirar. Si lo conseguimos, veremos más allá de lo que le falta a una persona o ha perdido sino con lo que tiene, con lo que sabe hacer, con sus competencias, con sus motivaciones, con los impulsos que le empujan a seguir peleando por una vida más digna. 

Una vez que integramos este enfoque nuestro propio rol profesional, nuestro posicionamiento en la intervención y la relación con las personas que acompañamos cambian de forma drástica. 

Analicemos los componentes clave de esta teoría:

Tanto Sen (En su libro “Nuevo examen de la desigualdad” de 2011) como Nussbaum (En “Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano” de 2012) señalan que el enfoque de capacidades surge como una alternativa o una respuesta a teorías o enfoques más utilitaristas, especialmente la teoría de los bienes primarios de John Rawls y otras. 

Desde los enfoques más utilitaristas, los modelos económicos dominantes se amparaban en la idea de que la calidad de vida de un país y, por tanto, de su ciudadanía, mejoraba cuando (y sólo cuando) se incrementaba su Producto Interior Bruto (PIB). Con el tiempo hemos visto que es habitual que países con altos PIB tengan, también, altísimas tasas de desigualdad, el caso de España es clarísimo y más desde 2009 en adelante. Esos modelos predominantemente utilitaristas siguen vigentes, pero poco a poco van ocupando espacios otras formas de medir el desarrollo y otros enfoques, como este. 

Para adentrarnos en este enfoque es necesario entender las dos categorías clave sobre las que construyen sus postulados: 

Capacidades: Lo que Sen llama “libertades sustanciales”, un conjunto de oportunidades (habitualmente interrelacionadas) para elegir y actuar. Dentro de éstas hablamos de las capacidades básicas: las facultades innatas de la persona que hacen posible su posterior desarrollo (Nussbaum, 2012). 

Es decir, capacidad y libertad son dos conceptos íntimamente relacionados en esta teoría. Llevándolo a lo concreto de la práctica diríamos que cada persona debe poder elegir lo que quiere hacer, por ejemplo, yo no pudo imponer a una persona cómo alimentarse, cómo vestirse, etc. Cada persona debe poder optar por los funcionamientos que considere mejor para él o para ella, para su bienestar. Las capacidades serían, en fin, las oportunidades reales, las cosas que tiene libertad para ser o para hacer.

No son simples habilidades residentes en el interior de cada persona, sino que incluyen también las libertades o las oportunidades creadas por la combinación de las facultades personales y el entorno (político, social y económico). 

Funcionamientos: Vienen a ser los productos o las materializaciones de las capacidades. Los resultados conseguidos por las personas. En la base de esta teoría está la premisa de que lo decisivo para el bienestar humano no es disponer de recursos sino lo que las personas hacen con esos recursos, es decir los resultados que esos recursos tienen en las personas. Dicho de otra forma, la premisa sería que disponer de bienes no es lo mismo que conseguir el bienestar. Así, los funcionamientos serían las habilidades que tiene una persona para lograr ciertos resultados, acciones y formas de ser, siendo puestas en ejercicio. 

En enfoque de capacidades no busca establecer una teoría general sobre el bienestar global, quizás en el otro extremo es una propuesta personalista y que va de menos a más. Lo que propone este enfoque es establecer las capacidades mínimas para que una persona pueda tener un desarrollo humano básico, pueda “estar-bien” (como concepción concreta y personalista de bienestar), y a partir de ahí puede avanzar. 

Este enfoque puede definirse, en palabras de Nussbaum (2012), como “una aproximación particular a la evaluación de la calidad de vida y la teorización sobre la justicia social básica”. 

La pregunta clave, según este enfoque teórico, cuando se comparan situaciones o sociedades, es:

¿Qué es capaz de hacer y de ser cada persona? 

En ese ser capaz no sólo entra la capacidad práctica o funcional (¿qué sabe hacer esa persona? ¿qué puede hacer esa persona?, sino también y sobre todo entra en juego la libertad de cada persona (¿Qué quiere hacer esa persona?). 

En su desarrollo teórico, Sen no hizo una lista de cuáles eran esas capacidades mínimas. Fue Martha Nussbaum quien insistió en que era necesario establecer una lista de capacidades mínimas centrales, esas que garantizan la dignidad de toda persona. Sólo así, dijo, podemos contar con una suerte de “indicadores” con los que evaluar las políticas públicas, por ejemplo. 

Considerando las diferentes áreas de la vida humana, este enfoque basado en la justicia social se pregunta ¿Qué se necesita para que una vida esté a la altura de la dignidad humana? Nussbaum responde a esta pregunta que lo mínimo y esencial que se exige de una vida humana para que sea digna es que supere un umbral de suficiencia en 10 capacidades centrales: 

  1. Vida: Superar el umbral supone estar a salvo de morir de forma prematura o por causas evitables en el mundo desarrollado. 
  2. Salud física: Poder mantener buena salud, incluida la reproductiva. Tener acceso a una alimentación adecuada. Disponer de un lugar digno y adecuado donde vivir. 
  3. Integridad física: Estar protegida frente a ataques violentos, agresiones o abusos físicos o sexuales, incluida la violencia doméstica. Incluye, además, disponer de oportunidades para la satisfacción sexual y la elección en cuestiones reproductivas. 
  4. Sentidos, imaginación y pensamiento. Poder utilizarlos, así como el razonamiento. Recibir una educación adecuada, desde la alfabetización básica hasta la superior, según quiera y elija cada persona. Gozar de libertad de expresión, de expresión política y artística y la libertad religiosa. 
  5. Emociones. Poder sentir apego por cosas y personas ajenas a nosotras y nosotros mismos; poder amar a quien se quiera amar; que no se malogre nuestro desarrollo emocional por culpa del miedo o la ansiedad. 
  6. Razón práctica. Poder formarse en la concepción del bien y del mal, en la reflexión crítica. Incluye la libertad de conciencia. 
  7. Afiliación. Poder participar en formas diversas de interacción social. Combatir toda forma de discriminación y generar bases de ciudadanía en las que defender nuestros intereses. Libertad de reunión y libertad de expresión política. 
  8. Otras especies. Poder vivir una relación respetuosa con animales, plantas y mundo natural. 
  9. Juego. Poder reír, jugar y disfrutar de actividades recreativas (tanto niños y niñas como personas adultas). 
  10. Control sobre el propio entorno político y económico. Incluye la participación política, las elecciones libres, derechos de propiedad en igualdad de condiciones que otros y otras, derechos laborales, etc. 

Todo lo que se ha escrito sobre este enfoque teórico es arduo y farragoso. Comenzando por la propia definición de capacidades y su traducción desde el concepto anglosajón original “capability” al castellano como “capacidad” hasta las diferentes versiones planteadas sobre el enfoque. Aquí hemos visto algunos trazos de las dos fundamentales, la de Sen y la de Nussbaum, aunque ha habido otras, algunas que han sido la base de concepciones neoliberales. En fin, más allá de eso nos interesaba traer este enfoque a este curso porque es quizás de las primeras veces que se concibe la posibilidad de un ser humano de desarrollarse prosperar y crecer como algo en lo que incide su entorno económico, social y político. Es decir, es de las primeras grandes teorías a nivel global que incorpora elementos estructurales al estudio de la pobreza, e inicia uno de los caminos más interesantes para sacar de lo puramente individual o familiar las causas de la exclusión social. 

MODELO DE FORTALEZAS

El modelo de fortalezas propuesto, entre otros, por Rapp y Goscha a principios de los noventa, está muy en la línea de las prácticas orientadas a la recuperación.

Los abordajes basados en las fortalezas, manifestados en multitud de herramientas, trabajan desde el potencial, las capacidades y las habilidades de las personas, superando la centralidad de sus déficits, problemas o patologías.  

Este modelo centra la mirada en las potencialidades de las personas, parte de la idea de que todas las personas tienen conocimientos y talentos, habilidades y recursos que pueden ser utilizados para la (re) construcción de una vida bajo sus propios términos y metas. 

Requiere de quienes acompañamos a personas que (re) eduquemos la mirada para aprender a detectar los éxitos que cada persona ha conseguido abordando sus problemas y las esperanzas y sueños de futuro que tienen (si los tienen). Exige de los profesionales el esfuerzo de ver de forma diferente a las personas, a sus entornos y contextos y a las situaciones concretas que viven y afrontan. Supone alejarse de prácticas de la intervención social que se centran en la identificación de los problemas como carencias, sino que, más bien al contrario, trata de analizarlos como oportunidades de aprendizaje, crecimiento y momentos de evolución. 

A continuación, veremos los principios fundamentales en los que se sustenta el modelo de fortalezas junto con nuestra adaptación de las claves para llevar su contenido a la práctica, como guía para quienes realizamos acompañamiento en procesos de recuperación: 

PRINCIPIOS SEGÚN RAPP Y GOSCHA

1. TODA PERSONA TIENE CAPACIDAD PARA APRENDER, CRECER Y CAMBIAR.

  • Ponemos el énfasis en las capacidades, nos centramos en lo que la persona puede y le gusta hacer.
  • Aceptamos que creer que una persona puede o no puede hacer algo funciona como profecía autocumplida.
  • Utilizamos el poder de las expectativas positivas.
  • Creemos que la mayoría de las personas con trastornos de salud mental graves y duraderos pueden mejorar su calidad de vida.

2. El foco de nuestra intervención está en las fortalezas de la persona, no en sus carencias.

  • Las personas evolucionan apoyándose en sus intereses, aspiraciones y fortalezas.

  • Las personas utilizan los recursos que han conocido en su entorno familiar y social para desenvolverse en la vida.

  • Las personas tienden a hacer cosas que hacen bien, les entretienen o tienen sentido para ellas.

  • Poner el foco en las fortalezas aumenta la motivación. Ponerlo en las carencias favorece la aparición de sentimientos de desesperanza y la depresión.

  • Identificar las fortalezas e intereses de las personas favorece la individualización (de nuestras acciones).

3. La comunidad ofrece múltiples recursos y oportunidades.

  • La comunidad es fuente de salud mental y de apoyo.

  • En la comunidad las personas encuentran oportunidades, redes de apoyo y cuidado y los recursos necesarios para una mejor calidad de vida.

  • El bienestar personal está en parte determinado por los recursos disponibles y por las expectativas que otros tengan sobre una persona.

  • Una tarea importante de los técnicos es crear una red de colaboración en la comunidad.

  • Debería priorizarse la elección de recursos normalizados (no sólo de salud mental).

  • La identificación y el uso de los activos y recursos comunitarios es igual de importante que la identificación de fortalezas personales.

4.  El destinatario de nuestras acciones debe dirigir su proceso de recuperación.

  • Ningún técnico debería dar paso alguno sin el visto bueno de la persona, involucrándole activamente en cada fase del proceso.

  • Deberían explotarse todas las posibilidades de acercar a la persona a ser directora de su propio proceso.

  • Para que un programa sea completo debería garantizar la cobertura de, al menos, las necesidades básicas de la persona:

    Recursos económicos suficientes.

    Un lugar digno en el que vivir.

    Ayudas para el transporte.

    Acceso a empleo y/o actividades que tengan sentido para la persona.

    Acceso a la atención sanitaria.

    Oportunidades para socializar y relacionarse.

PRINCIPIOS SEGÚN SALEEBEY

Dentro del contexto de la práctica del Trabajo Social, Dennis Saleebey desarrolló la teoría de las fortalezas con aportaciones muy interesantes, entre otras su relación de principios que sustentan esta teoría en la práctica del Trabajo Social. 

Para Saleebey (2001) algunos de los principios que orientan el enfoque centrado en las fortalezas son los siguientes: 

  • Cada individuo, grupo, familia y comunidad, tiene fortalezas, entendidas como posibilidades, recursos, experiencia, sabiduría y conocimientos.
  • Las experiencias negativas, las luchas y conflictos vividos, pueden ser dolorosos, pero son también origen del cambio y de la oportunidad.
  • Las aspiraciones de crecimiento y cambio de los individuos, los grupos y las comunidades, son la base de la intervención y han de ser consideradas seriamente por el profesional.
  • El mejor servicio o atención que un trabajador social puede prestar se fundamente en la colaboración estrecha con las aspiraciones de las personas.
  • Todos las personas tienen recursos que pueden ser compartidos con otros que lo necesitan: conocimiento, auxilio, capacidad, tiempo ….., que no son necesariamente bienes materiales o institucionalizados.
  • Es preciso que los trabajadores sociales sean conscientes de su desconocimiento acerca de las fortalezas y límites de las personas, como base para una actitud de apertura y aprendizaje.
  • La acción de los trabajadores sociales ha de basarse en la alianza con las personas, con sus esperanzas, visiones y valores.

A modo resumen:

UN NECESARIO CAMBIO DE MIRADA PARA HACER VISIBLES A LAS MUJERES SIN HOGAR QUE SOBREVIVEN A VIOLENCIAS

Desde el inicio del siglo XXI conceptos como “empoderamiento” “fortalezas” “capacidades” “motivación para el cambio” y otros han captado la atención de profesiones de las llamadas “de ayuda”. Profesiones del ámbito de la intervención social están inventando -o reinventando- su práctica y la percepción, valoración o diagnóstico que hacemos de ciertos problemas. 

Sin entrar en las especificidades de cada categoría profesional, no podríamos hacerlo desde nuestra mirada como trabajadoras sociales, vamos a acercarnos a aspectos que inciden en este necesario cambio de mirada. 

La mirada a la sociedad (macro)

Dedicamos todo el apartado de delimitando conceptos a hacer un marco de referencia más macro con el que os habéis hecho una idea sobre los elementos estructurales que inciden de forma directa en situaciones de precariedad y pobreza de las personas. 

El sociólogo Zygmunt Bauman desarrolló el concepto de modernidad líquida, o sociedad líquida, para describir este mundo postmoderno del nuevo siglo en el que vivimos. Las realidades sólidas e inmutables con las que vivían nuestros abuelos, como el trabajo o el matrimonio para toda la vida, por ejemplo, se han desvanecido y han dado paso a un mundo provisional, precario, en el que todo se queda obsoleto rápidamente, un mundo agotador. 

La sociedad actual es, además, cada vez más desigual. Con datos de OXFAM podemos afirmar que hoy el 1% más rico de la población mundial posee más del doble de riqueza que 6900 millones de personas en el planeta. Vivimos en un mundo en el que un reducidísimo número de personas, sobre todo hombres, acumulan miles de millones de euros mientras que una vastísima mayoría, cuentos de millones de personas, sobreviven con 2 dólares al día. Siguiendo con esta fuente e interseccionando datos, era esperada la confirmación de que la desigualdad, también, es sexista. Los 22 hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que todas las mujeres de África. 

La desigualdad cada vez más creciente se carga economías hasta el punto de forzar las migraciones para encontrar algún sustento. Es avariciosa y expansiva hasta límites de devastación de los recursos del planeta. Fragmenta nuestras sociedades y a quienes vivimos en ellas, nos divide, nos enfrenta. Pero no es inevitable, es una elección política. 

En esta sociedad compleja y en constante cambio, las situaciones de necesidad, de pobreza y de precariedad social también se complejizan. Y desde las profesiones “de ayuda” las respuestas que damos deben adaptarse al mundo en el que vivimos. Y no podemos porque a trabajadoras sociales, educadoras, integradoras sociales, a psicólogas o enfermeras que desarrollan su actividad en el ámbito de lo social, a todas, nos han formado en el binomio necesidad-recurso, luego profundizaremos en esto. 

La mirada a la persona (micro)

Las rupturas, las pérdidas, las brechas y las fragilidades, en parte como consecuencia de los cambios a nivel macro, cada vez se agudizan más y se complejizan, también, más. 

Tanto que a veces a nosotras, como profesionales, nos desborda. Nos puede llegar a parecer insalvable y nos puede hacer bajar los brazos en rendición. Total, si no se puede hacer nada, no tengo que hacer nada. 

Ahora cambiemos el objeto de nuestra mirada. En vez de mirar a los problemas cada vez más complejos, más líquidos, más agudizados, miremos a cada una de las personas con las que trabajamos. Veamos a nosotras como herramientas para que cada persona con la que trabajamos sea capaz de sobrevivir mejor en su mundo y con sus circunstancias. Veamos a cada una de las personas como nuestra gran aliada en esa tarea. Fijémonos en la potencialidad, en la fortaleza, en lo que sí sabe hacer, en lo que quiere aprender a hacer, en las habilidades que le han ayudado a sobrevivir y llegar hasta el punto en el que llega a tu despacho. 

¿Y cómo cambiamos la mirada? Con mucha dificultad, con ayuda y con tiempo. 

Y es que detectamos con facilidad lo que no está, lo que hace falta, lo que a la persona le falta, lo que le sobra, lo que no puede hacer, lo que no quiere hacer. Pillamos al vuelo aquello que podemos prescribir, si cumple los requisitos para esta o la otra ayuda que gestiono, si es perfil de este o el otro recurso, si es mía o es de ese otro servicio, etc. 

Y lo hacemos todas, no te sientas mal. No es que tú estés haciendo algo diferente y peor del resto de compañeras. La cuestión es que nos entrenan a hacer valoraciones diagnósticas desde el binomio necesidad recurso. Y además, nos entrenan para hacerlo en contextos institucionales que nos encorsetan y hacen muy rígidas cuestiones como a cuántas personas atendemos, en cuánto tiempo, por cuánto tiempo deben estar las personas si estoy en un contexto residencial, qué pasos debería estar dando la persona para que yo vea que cumple con su plan de intervención, dónde tendría que estar una persona después de seis meses de intervención, después de un año, después de dos, etc. 

¿Cómo vemos a las personas con las que trabajamos? ¿Qué vemos de ellas? 

En el marco de la investigación “mujeres invisibles”, de la que ya te hemos hablado, una parte del trabajo la hicimos con un centenar de profesionales de las redes de atención a personas sin hogar y las redes de atención frente a violencia de género y la de trata. 

Abordamos en unas jornadas de trabajo en grupos, de reflexión y análisis, muchas cuestiones relacionadas con su trabajo con mujeres que están sin hogar y a las que atraviesan diferentes violencias. 

Una parte del trabajo, la que traemos aquí, tuvo que ver con la forma en la que veían a las mujeres con las que trabajaban. A modo de ejemplo de lo que estamos viendo traemos algunos resultados de algunas de las preguntas trabajadas en los cuestionarios y  los grupos de discusión. 

¿Cómo están las mujeres con las que trabajas? (A nivel físico, psicológico, emocional, relacional, etc)

Enfermas incluye: sobrepeso, en larga duración, infectocontagiosas, problemas ginecológicos, problemas digestivos, problemas respiratorios, alteración sueño, diabetes, cardiopatías.

Datos de profesionales de la red de atención a personas sin hogar de Madrid. Fuente: AIRES

Otras respuestas que recibimos sólo en una ocasión:

Datos de profesionales de la red de atención a personas sin hogar de Madrid. Fuente: AIRES

Del total de 119 respuestas recibidas en este apartado sólo 3 respuestas, las que aparecen al final de la tabla, resaltan capacidades o fortalezas. Las hemos resaltado en verde para que las veáis bien. 

Otras respuestas que recibimos sólo en una ocasión:

Datos de profesionales de la redes de protección frente a violencia de género y trata de Madrid. Fuente: AIRES

En este caso, obtuvimos un total de 46 respuestas. De ellas sólo 2 respuestas resaltaban capacidad o fortaleza. 

Este es sólo un ejemplo, en un contexto de investigación, en trabajo en grupos de discusión y con profesionales de redes muy específicas. No queremos decir que se puedan extrapolar estas respuestas o generalizar el hecho de que veamos con más facilidad las carencias y necesidades que las fortalezas. 

Aquí lo dejamos iluminado con un foco para tu reflexión.

pautas para incorporar el necesario cambio de mirada

  • Si crees que no tienes sesgos, vuelve a mirar hacia adentro. 

Teresa Zamanillo, una figura clave en el desarrollo del trabajo social en España, nos ha repetido durante años una frase clave que os traemos aquí. Viene a decir que es crucial sacar nuestras creencias al plano de las ideas, racionalizarlas y traerlas al plano desde el que se puede trabajar con ellas. ¿Qué quiere decir con esto? Que es fundamental que seas consciente de tus sesgos. Si crees que no tienes, vuelve a mirar hacia adentro. A todas las personas que trabajamos acompañando a otras en sus procesos vitales, por generalizar, se nos debería exigir un proceso previo y personal de reflexión sobre nuestro modo propio de interpretar la realidad. Ahí entran nuestro sistema de valores y creencias, nuestros estereotipos y prejuicios, nuestras creencias, ideología, ideas políticas, concepciones sobre la familia, sobre el mundo que nos rodea. Sólo cuando hayamos hecho ese ejercicio consciente de traer nuestras creencias al plano de las ideas, sólo entonces, podremos valorar y analizar la situación y las circunstancias de las personas con las que trabajamos con cierto grado de objetividad o, al menos, siendo conscientes de que su sistema de creencias, valores, su trayectoria, sus prejuicios, opresiones y privilegios son diferentes a los tuyos.

  • Como le dijeron a Spiderman, un gran poder conlleva una gran responsabilidad

Si nos dan a elegir entre trabajar desde un rol más vertical, más directivo, o un rol que fomente la horizontalidad generalmente no tenemos dudas, preferimos la segunda opción. En el plano del trabajo desde enfoques de derechos, capacidades y fortalezas claramente las relaciones de ayuda deben ser lo más horizontales posible. Pero no podemos perder el foco, no vamos a generar relaciones totalmente horizontales con las personas en los contextos profesionales, ni siquiera creemos nosotras que en los contextos de voluntariado. Como mucho podemos decir que caminamos hacia la horizontalidad. 

Y es que cualquier relación de ayuda es una relación asimétrica. Ya seas trabajadora social, educadora, integradora, psicóloga, orientadora. Ya estés contratada o hagas un voluntariado. Tu posición respecto de la persona que hace uso de tu centro, servicio o recurso es una posición de poder. 

En ocasiones tenemos oportunidad de ejercer ese poder de forma directa, por ejemplo, gestionando o no gestionando prestaciones; informando o no sobre recursos y servicios; tomando decisiones respecto a la vida de la persona que no son lo que ella quiere o ha demandado; aplicando sanciones o expulsiones en centros residenciales… En otras ocasiones el ejercicio de poder puede ser más sutil y consistir en utilizar nuestra influencia para que la persona o la familia hagan o dejen de hacer algo. 

Uno de los grandes campos de trabajo que hacemos el equipo de AIRES con equipos y grupos de trabajo tiene que ver con este punto, lo consideramos fundamental. Os damos algunas orientaciones sobre cómo empezar a manejar el poder que tienes desde la responsabilidad. 

  • Sé consciente de la posición de poder que ocupas en la relación con las personas con las que trabajas. Conoce los puntos en los que de forma directa o indirecta puedes ejercer un poder o privilegio. Analiza cómo te desenvuelves en esos puntos. 
  • Una vez has hecho consciente cómo haces uso de tu poder amplía horizontes. Usa ese poder para ayudar a las personas a apoderarse de su propio espacio, de su propia voz. Las personas trabajan por ganar el control de sus vidas realizando importantes esfuerzos personales. Aprender a ver esos esfuerzo, aprende a reconocérselos a las personas. Aprende a ser espejo de las cosas que la persona con la que trabajas hace bien. Aprende a ceder parte del poder de decisión para que se apodere de él la persona con la que trabajas. Suelta, es su vida. Acompaña las decisiones, informa las decisiones, estate ahí pase lo que pase, pero deja poco a poco de decidir por las personas. 
  • Dos de las manifestaciones más comunes del poder mal gestionado en la relación de ayuda son la coerción y el control. Para contrarrestar que se hagan presenten o que envicien la relación de ayuda generalmente utilizamos herramientas como la supervisión externa. No hablamos sólo de sesiones clínicas de casos que se convierten muchas veces en una retahíla de cosas que tienes que hacer o no hacer ni siquiera sabemos bien por qué. Hablamos de espacios en los que se pueda hablar con libertad de lo que te atraviesa a ti como profesional en la relación de ayuda, entre otras cosas estos elementos. 
  • Defendemos la participación de las personas en los procesos de intervención, faltaría más, es el mantra de las profesiones de ayuda del siglo xxi. Pero analiza bien el grado de participación que estás permitiendo a las personas con las que trabajas, y reflexiona sobre si no estás dando más espacio para la participación porque entonces tambalearía tu posición de poder. A veces pensamos que estamos fomentando la participación cuando simplemente estamos articulando espacios en los que las personas puedan dar su opinión. En ocasiones creemos que estamos consensuando objetivos de intervención con una persona pero en realidad no estamos dando otra opción que la que planteamos nosotras las profesionales. Otras veces, por el contrario, son las circunstancias de la personas las que hacen que no sea el momento de pedir su participación en el proceso porque su preocupación máxima es sobrevivir en la calle, por ejemplo. 

  • La persona es mucho más que su situación

En el ejercicio con el que empezábamos el curso os pedíamos que pensarais en una mujer, que podía ser real o una mujer inventada, con la que hubierais trabajado. Y os pedimos que la dibujarais y nos hablarais de ella. 

Siempre que hacemos este ejercicio con grupos de trabajo sucede lo mismo. 

Nos sale de forma casi automática la descripción de la situación de la persona. Cómo ha llegado a un recurso, qué le ha pasado, en qué recursos o servicios ha estado antes, qué ha “prescrito” la profesional, cómo va el proceso para conseguirlo o no… 

Cuando preguntamos por cualidades de la persona, por fortalezas o dificultades, por las  cosas que le motivan para levantarse por la mañana… Ahí a casi todas nos cuesta más. 

Para entrenar la mirada de capacidades y fortalezas es crucial que sepamos ver a la persona que tenemos al otro lado de la mesa como una persona. Que sepamos descifrar las habilidades que le ayudan a sobrevivir, que se las devolvamos y reconozcamos su importancia en el proceso de intervención. 

Ten en cuenta que la situación de la persona puede llegar a cambiar o no, puede mejorar o empeorar, y esas fluctuaciones pueden tener que ver con tu intervención o pueden no tener nada que ver. No vas a poder controlar al 100% nunca, en ninguna intervención con ninguna persona, lo que pase. Sí que está 100% en tu mano que la relación con la persona sea para ella significativa. Que se haya sentido escuchada, que haya sentido que la has visto, que le has dado su espacio, que le has escuchado de verdad y que has hecho todo lo que habíais acordado que ibas a hacer para ayudarla. Es un proceso de conocer a la persona, reconocerla como persona y asumir una -tú- y otra -ella- compromisos que os lleven hacia donde habéis acordado que vais en el proceso de intervención. 

¿Qué habilidades nos van a ayudar para reconocer a la persona más allá de su situación? 

Este es otro de los temas que más abordamos con equipos de trabajo en sesiones de supervisión. A modo de resumen, 

 

Herramientas prácticas para la intervención: 

Habilidades que fomentar en el acompañamiento a las personas:

Y sobre todo y ante todo:

  • Para ir más allá del binomio necesidad-recurso incorpora los enfoques del curso

Para superar la mirada de las personas desde el binomio necesidad-recurso aplica los enfoques que hemos estudiado en este curso: el enfoque interseccional, el de derechos humanos, enfoque de capacidades y fortalezas. 

Así incorporarás la mirada caleidoscópica necesaria para ver las capacidades, las fortalezas, las motivaciones, los deseos de las personas con las que trabajamos. Exige un entrenamiento intenso, es necesario que practiques, pero es imprescindible y, al igual que ocurre con el enfoque de género, una vez que aprendes a mirar todo esto no hay vuelta atrás. Las barreras, las dificultades, los estigmas, los juicios de valor, toda esa información se difumina. 

Para entrenar la mirada y convertirnos en detectoras de capacidades y fortalezas la mejor herramienta son los modelos centrados en la persona y los abordajes centrados en la recuperación (recovery approaches) y herramientas que nacen en el contexto de estos como el Plan de Acción para la Recuperación Personal (Wellness Recovery Action Plan) o WRAP. 

Para conocer las motivaciones para el cambio, las barreras y las dificultades de las personas con las que trabajas, la mejor herramienta que nosotras hemos encontrado hasta ahora y que trabajamos con grupos es la Entrevista Motivacional. Como la entrevista motivacional nace en un contexto terapéutico y se ha desarrollado, sobre todo en ese contexto, que es donde debería seguir, nosotras hemos adaptado elementos que son parte de la entrevista motivacional, herramientas y pautas para aplicarla en contextos de acompañamiento social y de intervención social. 

Por la extensión de este curso no podemos extendernos más en estas herramientas pero suelen estar en el catálogo de AIRES Formación de forma continuada, no dudes en preguntarnos si tienes interés.

  • Busca aliadas y pon en contexto tu mirada

Por último pero no menos importante, el cambio de mirada puedes hacerlo sola pero será mucho más significativo si lo haces con otras. Busca aliadas en tus compañeras de centro o recurso, de tu misma categoría profesional o de otra, tratad de hacerlo juntas porque así es más fácil instaurar cambios.  Y ten en cuenta el contexto institucional en el que desarrollas tus funciones. Quizás esté la empresa o la organización abierta a incorporar nuevas respuestas a las demandas de las personas con las que trabajáis, a probar nuevos abordajes o a hacer cambios. Si es así aprovéchalo y cárgate de argumentos para que la institución incorpore una mirada de las personas basada en los enfoques que hemos trabajado. Pero si no fuera así también hay mucho de lo aprendido y reflexionado en este curso que puedes llevar a tu práctica diaria, te animamos a hacerlo.